La transformación digital prometía procesos más ágiles, acceso inmediato a información y democracias más conectadas. Y sí, buena parte de eso ocurrió. Pero junto con esa velocidad apareció una consecuencia menos visible: la capacidad de manipular percepción pública a una escala inédita. En Colombia, esa discusión ya dejó de ser teórica.
La llegada masiva de inteligencia artificial generativa cambió la naturaleza del riesgo digital. Antes bastaba con detectar noticias falsas rudimentarias o cadenas sospechosas. Hoy el problema incluye videos hiperrealistas, voces clonadas y fotografías fabricadas con apariencia auténtica. El fraude aprendió a hablar el lenguaje visual de internet.
El crecimiento de los deepfakes en Colombia muestra hasta qué punto evolucionó el fenómeno. Según Sumsub, el uso de IA para crear este tipo de contenidos pasó de 1.01% a 2.98% entre 2024 y 2025. La cifra revela una aceleración que coincide con el avance global de herramientas generativas cada vez más accesibles y fáciles de utilizar.
Lo interesante es que la conversación ya no se mueve únicamente en círculos tecnológicos. El tema comenzó a instalarse en espacios políticos, institucionales y empresariales porque afecta algo mucho más amplio: la confianza. En la economía digital actual, la credibilidad funciona como infraestructura. Cuando se rompe, el impacto se extiende rápidamente.
Desde Cauce.co observan precisamente esa convergencia entre política y tecnología como uno de los grandes desafíos del momento. “Esta tarea no solo es del Estado sino de la sociedad civil y el sector privado, quienes deben dedicar recursos y esfuerzos de “higiene” informativa para que cada ciudadano tenga criterio para defenderse de la (IA) realidad”, señalaron Pablo Cárdenas y Diego Baquero.
La idea de “higiene informativa” empieza a ganar espacio porque plantea un cambio cultural más profundo. Así como las compañías tuvieron que enseñar a sus usuarios sobre ciberseguridad básica para reducir fraudes financieros, ahora las democracias necesitan ciudadanos capaces de identificar manipulación digital antes de compartir contenido engañoso.
Los datos regionales muestran que la presión seguirá aumentando. El reporte de Sumsub identificó que los fraudes con identidades falsas ya representan el 7.3% del fraude total en América Latina y casi se triplicaron entre 2024 y 2025. Además, los intentos de evadir controles biométricos crecieron 60%, reflejando una sofisticación técnica cada vez más avanzada.
Para Ricardo Isais, Responsable de Relaciones con Gobierno de Sumsub para Latinoamérica, el desafío requiere nuevas capacidades institucionales. “El desafío de la era sintética no es únicamente tecnológico. Es, sobre todo, un reto de confianza pública, resiliencia institucional y capacidad democrática para adaptarse a un entorno donde ver ya no siempre significa creer”.
En respuesta, empiezan a surgir mecanismos de colaboración que hace pocos años parecían improbables. Estándares de autenticidad de contenido, monitoreo conjunto entre entidades públicas y sistemas de detección de identidades sintéticas aparecen como parte de una nueva arquitectura digital orientada a proteger procesos democráticos y estabilidad institucional.
La pregunta ya no es si la IA transformará las elecciones, porque eso está ocurriendo ahora mismo. La verdadera discusión es qué tan rápido podrán reaccionar gobiernos, empresas y ciudadanos para construir herramientas capaces de sostener confianza pública en una época donde la tecnología también aprendió a fabricar dudas.