Cuando una empresa intenta proteger una operación digital, existe una tentación bastante lógica: poner más controles para reducir el riesgo. El problema aparece cuando esos controles empiezan a incomodar a los usuarios legítimos, porque una persona que no logra completar un registro, contratar un producto o cobrar un servicio también representa una pérdida económica, aunque no aparezca en las estadísticas tradicionales de fraude.
Ese es uno de los ángulos menos evidentes de Ionix Verify, la plataforma que Ionix Latam está desplegando regionalmente y que ya tiene ventas en tres países. La solución no está planteada únicamente para detectar documentos falsos o comparar rostros, sino para permitir que las compañías decidan cuánto control aplicar según el riesgo financiero de cada operación.
La compañía espera ingresar a un cuarto mercado durante su primer año y proyecta sumar entre 20 y 25 clientes, con México y Colombia como mercados prioritarios, además de Chile, donde ya cuenta con operación y conocimiento del mercado. La cifra muestra que Ionix está intentando llevar su experiencia en procesos digitales críticos hacia industrias en las que la identidad puede tener un efecto directo sobre ingresos, costos y pérdidas evitables.
El fraude no es el único costo que importa
Si una aseguradora, un banco o un retailer analiza únicamente cuánto fraude logró bloquear, puede quedarse con una parte de la historia, porque también necesita saber cuántas operaciones legítimas quedaron por fuera debido a controles demasiado estrictos. En ese equilibrio aparece el concepto de convertibilidad que plantea Aranda, entendido como la capacidad de mantener protegida la operación sin deteriorar innecesariamente la conversión.
“Una compañía podría ser muy estricta y jactarse de tener cero fraudes, pero al mismo tiempo estar dejando cientos de negocios en la mesa”, afirmó el director regional de Ionix. La frase resulta relevante porque desplaza la discusión desde una lógica de seguridad absoluta hacia una evaluación más empresarial, en la que también importan los clientes que completan el proceso y las transacciones que finalmente se concretan.
El problema se entiende mejor cuando se observan operaciones de diferente valor dentro de una misma compañía, porque una validación que puede ser razonable para una operación de alto riesgo puede resultar excesiva para otra de menor exposición. Ionix Verify permite precisamente establecer diferentes capas de seguridad dependiendo del canal, del tipo de operación y del riesgo económico involucrado.
En términos prácticos, eso significa que la tecnología puede utilizarse para administrar la fricción y no solamente para aumentarla, ya que la empresa puede decidir qué tan exigente quiere ser en cada punto del proceso. Para organizaciones que viven de convertir usuarios digitales en clientes, esa diferencia puede terminar siendo tan relevante como la propia capacidad de detectar intentos de fraude.
El modelo SaaS cambia la ecuación operativa
Mientras la plataforma se encarga de documentos de identidad, comparaciones biométricas y capas adicionales de seguridad, el modelo comercial está diseñado como software como servicio, con cobros vinculados al volumen de transacciones. Esto permite relacionar el uso de la solución con el movimiento real de cada cliente, en lugar de limitar el negocio a una implementación inicial.
La integración se realiza mediante una API y, una vez instalada, la empresa puede modificar directamente sus reglas de validación, algo que adquiere importancia cuando cambian los patrones de fraude o las políticas internas de riesgo. Aranda explica que si una compañía modifica su tesis de riesgo puede ajustar los parámetros de manera autónoma sin tener que solicitar una nueva cotización o comenzar otro proyecto de desarrollo.
Aunque ese mecanismo no elimina todos los costos asociados a una plataforma de seguridad, sí puede reducir la dependencia de desarrollos específicos para cambios que forman parte de la operación cotidiana. En empresas con múltiples productos, canales y niveles de riesgo, esa capacidad puede facilitar una administración más dinámica de los controles.
La tecnología de base proviene de Regula Forensics, firma especializada en análisis forense y verificación de identidad con más de tres décadas de trayectoria, cuya tecnología es utilizada por más de 1.000 organizaciones y 80 autoridades fronterizas. Sobre ese motor, Ionix incorporó una capa que busca adaptar las capacidades de verificación a las necesidades particulares de cada empresa y de cada industria.
La localización se convierte en parte del producto
Ahora que Ionix busca crecer en varios mercados latinoamericanos, la plataforma enfrenta un reto que no se resuelve únicamente con una buena tecnología biométrica, porque cada país tiene reglas diferentes para manejar información personal y procesos de identificación. La compañía está adaptando el almacenamiento de los datos, las funcionalidades y las integraciones con registros civiles y otras fuentes oficiales.
Aranda cuenta que Ionix ya tuvo que modificar la solución en un mercado después de un cambio en el escenario normativo, lo que muestra hasta qué punto la regulación puede afectar directamente el producto tecnológico. “De acuerdo con el país, adaptamos el almacenamiento de los datos y las funcionalidades que exige la regulación”, explicó.
Ese proceso también puede convertirse en una barrera de entrada para proveedores que pretendan replicar una solución idéntica en toda la región, porque la expansión exige conocimiento local y capacidad de adaptación. En el caso de Ionix, la estrategia combina la tecnología de verificación con una capa de gestión que debe ajustarse a las particularidades de cada mercado.
Mientras tanto, la empresa está incorporando nuevas modalidades de fraude al roadmap y desarrollando configuraciones específicas para banca, seguros, telecomunicaciones y retail. Si la meta de 20 a 25 clientes durante el primer año se concreta, el resultado permitirá observar hasta qué punto las compañías latinoamericanas están dispuestas a tratar la identidad digital no solamente como una exigencia de seguridad, sino como una variable que también afecta conversión, operación y rentabilidad.